Rick Achon picando ...... espera un poco
Artículo 10/05/2026 3 min de lectura
Piojo dice

La cuenta rara que le dejaron a un niño

Fíjate en el orden de esa cuenta. No falla por accidente. Falla porque alguien decidió qué vale más y qué puede esperar.

La cuenta rara que le dejaron a un niño
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Fíjate en esto. Te muestran una cuenta por alumno de $114.000 y al lado te ponen $500.000 de pensión promedio, $546.546 de sueldo mínimo, $828.907 para un carabinero grado 17 y $900.000 por preso. Y después quieren que uno mire esos números con cara de trámite, como si el país no estuviera dejando una firma bien visible en la mesa.

El cuadro no da para aplauso. Da para silencio corto. Porque el Estado sí abre la billetera, pero la abre con más ganas cuando el asunto ya está roto, encerrado o vigilado. Para el niño, la cuenta viene corta. Para el preso, la cuenta se pone más seria. Para el que cuida el orden, también. Entonces el mensaje queda clarito, aunque venga con lenguaje limpio: estudiar paga menos que llegar tarde al problema.

Y ahí está la parte que nadie quiere decir sin carraspera: si un niño mira ese reparto y entiende rápido que el sistema gasta más en castigo que en futuro, no estamos frente a una falla de comunicación. Estamos frente a una instrucción moral bastante mal hecha.

Después se preguntan por qué a un cabro le cuesta creer en la escuela. No hace falta ser genio para ver el borde. Si en la casa entra la cuenta del arriendo, la del gas y la del súper, y afuera el Estado le pone más plata al encierro que al aprendizaje, la motivación no aparece sola, po. No baja del cielo con uniforme ni con charla motivacional de pasillo. La pena también piensa, aunque le pidan productividad.

Y ojo con la frase cómoda de siempre: “pero estudiar sirve igual”. Sí, sirve. Nadie sensato va a decir lo contrario. Pero una cosa es servir, y otra es convencer a un niño cuando el país le muestra otra tabla de prioridades. Si el mercado ya le dejó claro que un sueldo mínimo alcanza para sobrevivir a medias, y que la pensión promedio no da para ponerse digno en la farmacia, entonces el relato escolar se queda peleando solo, con la micro atrasada y la mochila rota.

La escena es simple. Un cabro en una sala, una tiza gastada, una colación chica, y afuera una sociedad que invierte más en corregir el daño que en evitarlo. Eso no es casualidad. Es diseño. Y el diseño, cuando sale torcido, no pide perdón: cobra. Después llega el coro de siempre, el del “ponle ganas”, como si la energía emocional fuera una beca. Qué lata ese teatro. Muy serio para la foto, muy pobre para la cuenta.

La contradicción está en la cara de todos, pero se disimula con buenas maneras. Se exige disciplina donde faltó inversión, se promete movilidad donde sobra cansancio, y se culpa al alumno cuando el sistema ya venía apretando. El país quiere que un niño crea en la recompensa, pero le enseña antes la planilla del castigo. Sí… ya sé cómo termina eso.

Luz baja y cuchillo chico: tomar la deuda, darle vuelto en dignidad a la cifra y dejar un carrito de feria fiscalizador al lado, mirando. No alegra, pero deja de mentir.

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Luz baja y cuchillo chico: tomar la deuda, darle vuelto en dignidad a la cifra y dejar un carrito de feria fiscalizador al lado, mirando. No alegra, pero deja de mentir.

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Frase Piojo “Eso es lo que hay: si no armamos mejor la pieza, el saludo diplomático sigue siendo puro adorno.”
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