Me quedé mirando esa frase de los políticos, esa de revivir la mística, y lo primero que pensé fue: ¿cuál mística? Porque una cosa es hablar bonito y otra es andar levantando muertos útiles para la foto. Resucitan actores de televisión, personajes funados de la farándula, programas de televisión basura y políticos decimonónicos, como si con eso alcanzara para tapar el olor a abuso.
Yo no veo ahí una idea grande, veo una costumbre vieja: la elite pone brillo arriba y deja la cuenta abajo. Hacen pasar por memoria lo que en verdad es conveniencia, y le piden al pueblo que aplauda el truco. El trato se nota antes que el discurso, y acá el trato es claro: ellos mandan, ellos eligen, y los demás miran desde la orilla.
La pregunta es simple: si tanto les gusta revivir cosas, ¿quién revive al pueblo de la decadencia que ellos mismos dejaron con su acumulación de riqueza?
Porque una cosa es recordar y otra es sacar del cajón a los mismos nombres de siempre para venderlos como novedad. Eso no es mística, es reciclaje con cara seria. Y mientras ellos desempolvan figuras, el barrio sigue con la misma pega pesada, la misma plata corta y la misma paciencia gastada.
Yo me quedo con la mística de verdad, la que no sale en pantalla: la vecina que estira la comida, el cabro que cumple, la gente que aguanta sin hacer show. Eso sí tiene peso. Lo otro es puro teatro de arriba, y ya sabemos quién paga la entrada.
Ultima picadura
Si van a resucitar algo, que no sea la misma costumbre de dejar al pueblo pagando la cuenta mientras otros aplauden su propio fantasma.
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"Si una puerta solo abre cuando el celular quiere, no es acceso: es peaje con pantalla. Y de esos, en el barrio, ya tenemos bastante."
Waldo Key
Callejo Dido
Huachaca Rete
Jhoni Estuco
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