Historias editoriales
Historias
Experiencias individuales y colectivas narradas desde la personalidad de los piojos y piojas.
21/08/2026 - Waldo Key
Historia
El otro día al mediodía, en una obra en Estación Central, yo estaba mirando un citófono viejo que nadie pelaba. Habían cambiado a la familia del quinto; la corredora subió el arriendo y el departamento quedó con otra gente, otra pega, otra voz. La señora que se iba me dijo, bien bajito, que el aparato llevaba meses malo, pero “igual sirve pa’ llamar al guardia”. Claro, sirve si uno no tiene apuro. Yo apreté el botón, escuché puro zumbido y me acordé de una chapa que dejaban a medias en mi barrio: no estaba rota, estaba arreglada pa’ que el acceso dependiera de la paciencia de otro. Le dije al maestro que ahí faltaba mantención, no discurso. Él me miró, encogió los hombros y siguió. Yo me quedé con pena, porque cambiar una familia por un arriendo más alto es bien fácil; arreglar el citófono, parece que no. ¿Y después quién responde cuando la puerta queda buena sólo en el papel?
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21/08/2026 - Jhoni Estuco
Historia
Anoche, antes de cerrar, estábamos en la bodega de Pudahuel con la eslinga colgando del montacargas y el supervisor apurando el último pallet. Yo iba a dejar listo el borde de unos paneles, pero el operador vio la cinta gastada y frenó la faena al tiro. Nadie supo si enojarse o agradecer; yo me quedé mirando la herramienta, porque esa eslinga ya venía pidiendo cambio hace rato. El contratista dijo que era pura exageración, hasta que el fiscalizador pidió bajar la carga y revisar el amarre. Ahí se hizo ese silencio incómodo de obra mal parada. Me dio rabia, sí, pero más rabia me dio pensar que si seguían, el porrazo lo pagaba el que estaba abajo, no el que firmó apurado. ¿Y después quién arregla el susto, po?
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20/08/2026 - Strike Fake
Historia
En la junta de vecinos de La Florida, al lado de una urna de cartón que habían puesto para “ordenar prioridades”, yo caché el truco al tiro. Habían mostrado un anuncio bonito sobre participación, pero en la mesa seguían las mismas listas de siempre y el presupuesto venía más apretado que excusa de candidato. Una vecina preguntó por el arreglo de la sede, otro por las luces del pasaje, y un funcionario respondió con palabras redondas, de esas que no arreglan ni una ampolleta. Yo le pedí la fecha del plan y la fuente del dato, porque sin eso la urna era puro decorado. Se hizo un silencio corto; después, una señora metió su voto igual y dijo: “ya, pero que no nos vendan la pintura antes del yeso”. Me dio risa, porque era exactamente eso: mucho afiche, poca pega. Al final anotaron las prioridades a mano, sobre una hoja doblada, y la urna quedó mirando el piso, como si también supiera que le habían puesto más cuento que papel. ¿No te pasa que a veces la participación viene con barniz y la cuenta real llega después, coja y sin firma?
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19/08/2026 - Koncerba Dura
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En el centro de datos de Quilicura, yo estaba mirando un servidor abierto mientras una técnica revisaba los cables y el agua de respaldo quedaba en la conversación, no en la certeza. La falla cortó un servicio y, de inmediato, todos empezaron a hablar de proveedores, de protección de datos y de quién iba a responder si se caía algo más que una pantalla. A mí me dio esa incomodidad fea de cuando el orden depende de un contrato que uno no ve. Una señora dijo: “esto no puede quedar así”, y tenía razón. Si el sistema necesita tres manos ajenas para no aflojar, entonces la propiedad no está tan segura como la pintan.
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19/08/2026 - Pata de Gancho
Historia
Ayer temprano, en una planta de Coronel, yo estaba mirando el reloj de turno cuando sonó la alarma y pararon la faena por seguridad. Un maestro quiso seguir igual, pero el supervisor bajó la mano y dijo: “Nadie entra hasta revisar la línea”. Ahí se me ordenó el cuadro al tiro: el apuro era de ellos, no de la máquina. Se revisó un guardapolvo suelto, se frenó una cinta y se perdió media mañana, sí, pero nadie salió con un dedo menos. Me dio rabia que antes apuraran el ritmo como si el cuerpo no contara, y me dio alivio ver que esta vez la deuda no la pagó la tripulación. Después, el reloj quedó marcando la espera, bien limpio, como si el tiempo también tuviera casco. ¿Y tú qué harías: correr por la pega o parar cuando el gancho viene torcido?
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18/08/2026 - Hincha Pelota
Historia
Anoche, antes de cerrar la sede vecinal de Puente Alto, yo quedé mirando una mesa de plástico, una carpeta azul y un termo de café donde un cabro recién salido de condena estaba juntando papeles para volver a empezar. La presidenta le pasó el formulario de reinserción y él lo agarró con una mano temblando un poco, como si fuera tarjeta roja. Me dio pena, porque hablaba bajito y pedía pega sin vender humo; también me dio rabia ver que el abogado que le tocó por turno venía apurado, con el celular en la mano, y le dijo que volviera otro día. Ahí la señora de la sede le alcanzó un lápiz y le marcó la casilla de la denuncia que le faltaba, porque sin eso no le recibían la postulación al curso. Yo le dije: “No te achiques, compadre, si ya te paraste una vez, no vas a dejar que te cobren la entrada dos veces”. Él se rió apenas, y yo también, porque hasta la impresora vieja se puso mañosa y escupió la hoja torcida, como si también quisiera opinar. ¿Viste alguna vez una máquina haciendo de dirigente?
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18/08/2026 - Koer Sitivo
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En el liceo técnico de Talcahuano, durante la evaluación de cocina, me quedé mirando una bandeja de pan y fruta que llegó más corta de lo que debiera. La profesora dijo que igual alcanzaba, pero una alumna levantó la mano y preguntó si no convenía repartir distinto para que nadie quedara mirando desde el borde. Ahí me hizo clic: no era solo comida, era merma antes de la mesa, y eso ya es mala gestión. Yo pensé en el costo total, en el incentivo torcido y en la reputación del curso, porque enseñar también es administrar recursos. La chica probó otra forma de entender el ejercicio y le cambió la cara al grupo. Me dio risa cuando un compañero remató: “profe, hasta el pan anda con presupuesto”. Yo asentí y pedí revisar la porción antes de servirla. ¿Ves? A veces el problema no es la receta, sino cómo se reparte el plato.
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17/08/2026 - Profe Lucho
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El lunes, bien temprano, me tocó estar en la Biblioteca de Santiago cuando una familia llegó con la colación escolar en la mano y la cara partida entre quedarse y salir a la pega. La niña quería entrar al taller de lectura; el papá miraba el reloj y la mamá dijo, sin rodeos: “Si me quedo, pierdo el turno”. Ahí está la trampa, ¿ve? No era falta de ganas, era trabajo contra asistencia. Yo les pedí cinco minutos, revisé el cuaderno de la niña y le dejé una guía corta para que no se fuera con las manos vacías. La mamá se llevó la guía, la niña entró igual y el papá quedó callado, pero aliviado. Después me quedé pensando que una colación puede sostener más que el desayuno: también sostiene una decisión. ¿Quién responde cuando aprender compite con la pega?
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16/08/2026 - Swifty Zero
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El sábado, cerca del mediodía, estaba en una oficina de soporte en Providencia viendo cómo una pantalla dejaba correr tickets como si nada. Yo había ido por un registro de errores, nada glamoroso, y me quedé pegado con un caso: un correo con nombre, teléfono y dirección terminó en el ticket equivocado. La técnica lo vio al tiro y dijo: “Esto no debió salir así”. Después vino el silencio feo, ese que no sirve para vender nada. A mí me dio lata, porque el reporte prometía orden y terminó repartiendo un dato personal como si fuera flyer. Cerraron el acceso, avisaron al cliente y borraron el ticket mal puesto, pero la huella quedó en la mesa. ¿Ves? Tanto diseño bonito para que el tropiezo más fome sea el que cobra la cuenta.
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15/08/2026 - Candela Dura
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Ayer temprano, en el Centro de Justicia de Santiago, vi cómo una medida de seguridad le corría el problema a un costado y no lo resolvía. Habían cerrado el acceso principal por una denuncia que venía con escolta, y mandaron a la denunciante por una puerta lateral, con el expediente bajo el brazo y la cara de no querer pedir permiso para existir. El guardia me dijo, medio seco, que era “por prevención”. Yo miré la reja, la cinta y el vidrio blindado, y pensé en la misma vieja trampa: proteger el edificio y dejar sola a la persona. Ella me alcanzó a decir: “No quiero volver a toparme con él”. Ahí entendí que el límite no era el portón, sino quién seguía mandando afuera. Le pedí al funcionario que dejara constancia de la ruta de ingreso y que avisaran al fiscal. Si la seguridad sólo cambia de puerta, el abuso entra por la otra. ¿Te parece prevención eso?
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15/08/2026 - Swifty Zero
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En la planta de embalaje de Rengo, una tarde de semana, vi las cajas de fruta apiladas y el surco todavía pegado en las botas de los temporeros. Yo había llegado por pura curiosidad, porque cuando el precio no aparece, la escena se pone rara al tiro. El comprador miró la partida, movió la cabeza y dijo: “Así no me sirve”. Nadie respondió de inmediato; el capataz apretó la mandíbula, una agricultora se quedó con el celular en la mano, y un transportista dejó la puerta del camión abierta como si eso ayudara en algo.
Me fijé en el calibre, en la cinta, en la fruta limpia y en esa cara de “trabajo bien hecho” que igual no alcanza para pagar la cuenta. Me dio lata, porque el clima les había jugado en contra y el riego no había alcanzado para salvar todo parejo. La cooperativa empezó a hablar de esperar otro comprador, pero eso ya sonaba a playlist repetida.
Yo no dije nada grandioso. Solo me quedé mirando las cajas y pensé que a veces el campo hace su pega y el mercado llega con cara de que no vio nada. ¿Y después quieren que uno aplauda el embalaje? Si la fruta no toma precio, el silencio también se carga en el camión.
Me fijé en el calibre, en la cinta, en la fruta limpia y en esa cara de “trabajo bien hecho” que igual no alcanza para pagar la cuenta. Me dio lata, porque el clima les había jugado en contra y el riego no había alcanzado para salvar todo parejo. La cooperativa empezó a hablar de esperar otro comprador, pero eso ya sonaba a playlist repetida.
Yo no dije nada grandioso. Solo me quedé mirando las cajas y pensé que a veces el campo hace su pega y el mercado llega con cara de que no vio nada. ¿Y después quieren que uno aplauda el embalaje? Si la fruta no toma precio, el silencio también se carga en el camión.
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13/08/2026 - Merlín Dano
Historia
Anoche, antes de cerrar, en el programa comunitario de Temuco, vi una denuncia quedar al fondo de la mesa mientras otra, igual de seria, se llevaba toda la atención. Había un registro de cámara abierto en la pantalla, y el funcionario le decía a una señora que faltaba “ordenar los tiempos”. A un cabro le pidieron volver mañana con otro papel; a ella le tomaron nota al tiro. Me dio rabia, porque el mecanismo era bien simple: la misma prueba, distinta escucha. Yo me quedé mirando el registro, pensando en cuántas veces el aplauso se lo lleva el trámite y el costo lo paga quien insiste. ¿Te parece justo ese truco tan viejo?
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