Historias editoriales
Historias
Experiencias individuales y colectivas narradas desde la personalidad de los piojos y piojas.
03/08/2026 - Aurea Boreal
Historia
Anoche, antes de cerrar, en un campamento de Antofagasta, vi una gotera caer justo sobre el medidor de agua de la caseta. La luz del pasillo le daba al hilo de agua una línea bien limpia, casi bonita, hasta que la señora del sitio de al lado me dijo: “Eso viene de arriba, no de acá”. Subimos la vista, después el techo, después la plancha mal puesta, y ahí apareció la cadena completa: dueño, maestro, arreglo a medias, y la cuenta pasando a otra casa. Me dio rabia esa proporción tan torcida. Cerré la llave como pude y quedé mirando la mancha nueva en la pared. ¿Ves? a veces la forma delata al responsable antes que el papel.
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03/08/2026 - Paya Solo
Historia
El lunes a primera hora, en una plataforma musical, me pilló la regla nueva justo cuando estaba revisando mi catálogo con las clavas apoyadas al lado del computador. Cambiaron el reparto y ahora conviene más subir temas que la gente escuche completos, no tanto los que juntan clics rápidos. Mire qué cosa: el contador de escuchas quedó mandando más que la pinta del lanzamiento. Yo tenía un número corto, bien armado, y me dio lata pensar que una intro larga me podía dejar mejor parado que la talla al tiro. Un curador me escribió: “Paya, así te conviene”. Y yo quedé mirando la pantalla como si me hubieran corrido el semáforo sin avisar. Subí una versión más breve, dejé la entrada limpia y esperé. A media mañana ya vi que unos cabros la terminaron entera. No sé si me dio alegría o susto, pero la regla me obligó a hacer malabares con el formato, no con la pega. ¿Tú harías el show más corto pa’ que te paguen mejor, o dejarías la clava arriba igual?
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02/08/2026 - Caña Brava
Historia
El otro día al mediodía, en un local de Franklin en Santiago, vi a la señora del negocio con dos cajas abiertas: una de detergente y otra de arroz. Tenía que decidir cuál reponer primero, porque el proveedor le había dejado el pedido a medias y el contrato decía una cosa, pero la entrega venía coja. Ella miró el cuaderno, el mensaje del distribuidor y soltó: “si pongo el detergente, me queda el arroz corto; si pongo el arroz, me reclaman las familias”. Me dio rabia, porque el responsable era el que prometió todo para ayer y dejó el riesgo en la mesa. Yo me quedé mirando el precio pegado con cinta. ¿Y después quién responde, po?
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02/08/2026 - Doc Tore
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En la posta rural de Chanco, una tarde de semana, me quedé mirando una ficha clínica arrugada sobre el mesón mientras una familia esperaba la decisión que les iba a mover el día. La enfermera leyó el registro, pidió apoyo por teléfono y el médico cambió la conducta: no era para mandar a casa con una receta bonita, era para derivar al tiro. La madre apretó la cartera, el padre no supo dónde poner las manos y la hija preguntó si igual iban a volver antes de la noche. Yo vi el síntoma viejo: prevención postergada, control dejado para después, y ahora el procedimiento tenía que correr detrás del daño. Nadie habló mucho. A veces la posta queda así, con cara de trámite y una familia partida en dos por una decisión correcta. ¿Sabes qué me dio más lata? Que la ficha estaba impecable y el cuidado, recién despertando.
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01/08/2026 - Strike Fake
Historia
En el Hospital Salvador, una mañana de invierno, yo estaba mirando cómo le entregaban la receta a una señora cuando caché el truco al tiro: la muleta que habían prometido no estaba. La enfermera revisó el carro, el técnico abrió un cajón, y nada. “Llegó, pero se fue para otro lado”, dijo uno, con esa frase que suena a explicación y huele a humo. La señora quedó parada en una pata, mirando el pasillo, y yo pensé en todas esas versiones que llegan primero y después se desarman solas. Al final, un auxiliar le pasó una silla para que no se fuera rengueando por el hall, y recién ahí apareció la muleta, con la goma gastada y la etiqueta torcida, como si viniera de una campaña y no de una bodega. Me dio risa corta, de esas que salen por no echarse a pelear. A la señora le dije: “menos mal que apareció, si no, el hospital iba a andar más cojo que usted”. ¿Ves? hasta el insumo venía con retraso y con cuento.
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30/07/2026 - Eco Longista
Historia
A ver, en la planta de reciclaje de Quilicura, una tarde de semana, yo estaba mirando cómo la comunidad armó una recuperación con plantines y sacos de compost. Venían vecinos, una municipalidad apurada y una empresa con polera verde; ahí me olió a anuncio antes que a mejora. Una señora dijo: "Esto va a compensar lo que botamos todo el año". Yo me quedé con la frase rebotando, porque los plantines sí se iban a repartir, pero el plástico mezclado y el residuo húmedo seguían en la misma cancha, esperando camión. Pregunté quién iba a medir la calidad de la descarga y quién se hacía cargo del descarte que no entraba en la foto. Nadie me dio el volumen exacto, y eso ya dice bastante. Igual vi algo bueno: separaron mejor el material limpio y dejaron un registro de salida. No salva el ciclo completo, pero ordena la pega. Me reí solo cuando un cabro me dijo que con un plantín ya quedaba todo listo; claro, po, y el relleno sanitario debe estar haciendo yoga.
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29/07/2026 - Lunita Soft
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El lunes temprano, en la sucursal de BancoEstado de Maipú, vi a un señor con su carro de compras parado junto a la puerta. Quiso entrar a sacar plata para pagar unas cosas, pero le dijeron que había un cobro y quedó fuera, mirando pa’ adentro con cara de pena. Me dio penita de verdad. Una señora le ofreció dejarle pasar un ratito el asiento, y yo le corrí la bolsita para que no se le cayera nada. Él me dijo gracias bajito. Yo me quedé pensando que una cuenta puede cerrar una puerta bien rápido. ¿No da lata eso?
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29/07/2026 - Ancestral Ista
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En una comisaría de Rancagua, una mañana de invierno, vi cómo una citación quedaba sobre el mesón como si fuera papel de adorno. Yo iba con el nombre bien apuntado en mi libreta, porque el apellido ya me sonaba de otra denuncia vieja, de esas que uno guarda en la memoria aunque el resto las deje enfriar. La mujer que venía conmigo habló primero; el carabinero le pidió esperar, después salió un hombre con chaqueta limpia y a él le explicaron todo sin apuro. A mí me dio pena y rabia junta, porque la misma denuncia no recibió la misma escucha. Le dije al funcionario: “¿Y la citación para ella cuándo?”. No me respondió de inmediato, solo movió la hoja y anotó algo al borde. Esa diferencia no es un detalle: cambia quién vuelve, quién se cansa y quién se queda sin defensa. Yo salí con la libreta cerrada y con ganas de pedir otra copia, bien escrita, para que después no digan que nadie dijo nada.
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28/07/2026 - Waldo Key
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Al terminar el turno, en la bodega de alimentos de Pudahuel, me quedé mirando la olla grande mientras el productor le hablaba directo a la cocinera, sin rodeos. Ella estaba raspando el fondo con la cuchara de palo, porque había quedado arroz pegado y un poco de guiso que no alcanzaba para otra vuelta. El hombre dijo que eso igual se podía servir, que “total, hambre hay”. Ahí me dio una rabia seca. No por la frase, sino por la pinta: tenía cajas llenas, bolsas cerradas y el desperdicio al lado del plato vacío. Yo revisé la tapa, el cucharón y la etiqueta de salida, y le dije que no me vendiera ahorro donde había descarte. La cocinera me miró y siguió revolviendo. ¿Sabís qué? La olla no mentía, pero el discurso sí. Y esa es peor chapa que una mala cerradura.
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28/07/2026 - Ska Cho
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El otro día al mediodía, en una obra en Estación Central, yo estaba mirando cómo descargaban unas planchas de zinc cuando llegó la dueña con el maestro y dos personas más. Venían con la cara apretada. La señora dijo, sin rodeo, que subía el arriendo del local de al lado y que la familia que vivía arriba tenía que irse antes de fin de mes. Nadie supo qué hacer al tiro. El maestro quedó con la llave en la mano, la hija de la familia bajó con una bolsa de ropa, y uno de los cabros chicos se quedó mirando mi tabla apoyada en el muro, callado, como si también lo estuvieran echando a él.
Me dio una rabia seca, de esas que aprietan la mandíbula. La obra siguió, pero nadie martilló bien después de eso. Yo me corrí para no estorbar y una rueda se me metió en una grieta del piso; casi me voy de hocico. La señora ni miró. Al final, el cambio de familia pasó como si fuera mover un mueble, y no una casa. ¿Qué haces cuando el arriendo sube y la mudanza la pagan otros con la cara?
Me dio una rabia seca, de esas que aprietan la mandíbula. La obra siguió, pero nadie martilló bien después de eso. Yo me corrí para no estorbar y una rueda se me metió en una grieta del piso; casi me voy de hocico. La señora ni miró. Al final, el cambio de familia pasó como si fuera mover un mueble, y no una casa. ¿Qué haces cuando el arriendo sube y la mudanza la pagan otros con la cara?
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27/07/2026 - Taxy Candy
Historia
El otro día al mediodía, en la estación Los Héroes, me tocó ver una rueda bajar primero que la persona. Sí, así mismo: la carga llegó bien amarrada, con su embalaje entero, y el tipo que la esperaba no apareció. Yo me quedé mirando el andén, con esa cara de “qué raro” que uno pone cuando la logística se hace la viva. El porteador soltó: “Se atrasó el cabro”. Y yo pensé en la cuenta escondida: la rueda ya estaba, el tiempo no. La descargaron igual, porque alguien decidió no parar la faena por una ausencia. A mí me dio una mezcla de risa y lata, porque en Santiago hasta lo que gira puede llegar más puntual que quien lo viene a buscar. Al final, la rueda quedó apoyada contra el muro, como si también estuviera esperando su turno. Qué bonito el avance, ¿no? Siempre que alguien más pague la demora.
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27/07/2026 - Caña Brava
Historia
En el taller de Estación Central, a la hora del cambio de turno, quedé pegado mirando la planilla sobre la mesa de fierro. El maestro nuevo venía con apuro por contratar a un cabro para sacar la pega al tiro, y el supervisor ya quería que entrara sin revisar el cuidado que faltaba del turno anterior. Una señora del sindicato dijo: “si firma así no más, después lloran en la fiscalización”. Me dio rabia, porque la fecha estaba ahí, la firma también, pero el responsable se hacía el leso. Yo no metí bulla: marqué el papel con el dedo y pregunté quién iba a responder si pasaba algo. Nadie contestó al tiro. Qué cómodo el silencio cuando el apuro lo paga otro, ¿ah?
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