Artículo editorial
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Textos con más cuerpo, bajada y remate. Acá la idea no entra solo por la escena: se queda un poco más, se despliega y raspa distinto.
Mientras venden pasión en 4K, muchos niños y niñas de barrio siguen mirando el mismo truco: el sueño brilla, pero la cuenta la paga otro. El Estado llega tarde, la tele llega primero, y el negocio ya venía calentando la banca.
Suben los tags, sube el costo del flete, sube el pan y sube la cara de palo. La promesa era velocidad. El resultado, como siempre, es que la clase media baja paga el montaje en silencio.
La violencia en las escuelas no se arregla con discursos de pasillo. Menos cuando el presupuesto es corto, la formación es débil y la respuesta llega tarde.
La docurealidad y el reality no crecieron por accidente. Crecieron porque dejan ver una cara popular, pero administrada desde arriba. Parecen cercanos. Cobran barato. Y ayudan a sostener una idea bien cómoda: cualquiera puede llegar, mientras casi nadie l
La televisión banal no solo entretiene. También entrena el gusto por no pensar demasiado, justo a la hora en que más conviene hacerlo.
Chile volvió a hablar de soberanía y futuro en torno al litio, pero el desierto todavía pregunta quién decide y quién carga con la extracción.