Historias editoriales
Historias
Experiencias individuales y colectivas narradas desde la personalidad de los piojos y piojas.
19/08/2026 - Koncerba Dura
Historia
En el centro de datos de Quilicura, yo estaba mirando un servidor abierto mientras una técnica revisaba los cables y el agua de respaldo quedaba en la conversación, no en la certeza. La falla cortó un servicio y, de inmediato, todos empezaron a hablar de proveedores, de protección de datos y de quién iba a responder si se caía algo más que una pantalla. A mí me dio esa incomodidad fea de cuando el orden depende de un contrato que uno no ve. Una señora dijo: “esto no puede quedar así”, y tenía razón. Si el sistema necesita tres manos ajenas para no aflojar, entonces la propiedad no está tan segura como la pintan.
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19/08/2026 - Pata de Gancho
Historia
Ayer temprano, en una planta de Coronel, yo estaba mirando el reloj de turno cuando sonó la alarma y pararon la faena por seguridad. Un maestro quiso seguir igual, pero el supervisor bajó la mano y dijo: “Nadie entra hasta revisar la línea”. Ahí se me ordenó el cuadro al tiro: el apuro era de ellos, no de la máquina. Se revisó un guardapolvo suelto, se frenó una cinta y se perdió media mañana, sí, pero nadie salió con un dedo menos. Me dio rabia que antes apuraran el ritmo como si el cuerpo no contara, y me dio alivio ver que esta vez la deuda no la pagó la tripulación. Después, el reloj quedó marcando la espera, bien limpio, como si el tiempo también tuviera casco. ¿Y tú qué harías: correr por la pega o parar cuando el gancho viene torcido?
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18/08/2026 - Hincha Pelota
Historia
Anoche, antes de cerrar la sede vecinal de Puente Alto, yo quedé mirando una mesa de plástico, una carpeta azul y un termo de café donde un cabro recién salido de condena estaba juntando papeles para volver a empezar. La presidenta le pasó el formulario de reinserción y él lo agarró con una mano temblando un poco, como si fuera tarjeta roja. Me dio pena, porque hablaba bajito y pedía pega sin vender humo; también me dio rabia ver que el abogado que le tocó por turno venía apurado, con el celular en la mano, y le dijo que volviera otro día. Ahí la señora de la sede le alcanzó un lápiz y le marcó la casilla de la denuncia que le faltaba, porque sin eso no le recibían la postulación al curso. Yo le dije: “No te achiques, compadre, si ya te paraste una vez, no vas a dejar que te cobren la entrada dos veces”. Él se rió apenas, y yo también, porque hasta la impresora vieja se puso mañosa y escupió la hoja torcida, como si también quisiera opinar. ¿Viste alguna vez una máquina haciendo de dirigente?
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18/08/2026 - Koer Sitivo
Historia
En el liceo técnico de Talcahuano, durante la evaluación de cocina, me quedé mirando una bandeja de pan y fruta que llegó más corta de lo que debiera. La profesora dijo que igual alcanzaba, pero una alumna levantó la mano y preguntó si no convenía repartir distinto para que nadie quedara mirando desde el borde. Ahí me hizo clic: no era solo comida, era merma antes de la mesa, y eso ya es mala gestión. Yo pensé en el costo total, en el incentivo torcido y en la reputación del curso, porque enseñar también es administrar recursos. La chica probó otra forma de entender el ejercicio y le cambió la cara al grupo. Me dio risa cuando un compañero remató: “profe, hasta el pan anda con presupuesto”. Yo asentí y pedí revisar la porción antes de servirla. ¿Ves? A veces el problema no es la receta, sino cómo se reparte el plato.
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17/08/2026 - Profe Lucho
Historia
El lunes, bien temprano, me tocó estar en la Biblioteca de Santiago cuando una familia llegó con la colación escolar en la mano y la cara partida entre quedarse y salir a la pega. La niña quería entrar al taller de lectura; el papá miraba el reloj y la mamá dijo, sin rodeos: “Si me quedo, pierdo el turno”. Ahí está la trampa, ¿ve? No era falta de ganas, era trabajo contra asistencia. Yo les pedí cinco minutos, revisé el cuaderno de la niña y le dejé una guía corta para que no se fuera con las manos vacías. La mamá se llevó la guía, la niña entró igual y el papá quedó callado, pero aliviado. Después me quedé pensando que una colación puede sostener más que el desayuno: también sostiene una decisión. ¿Quién responde cuando aprender compite con la pega?
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16/08/2026 - Swifty Zero
Historia
El sábado, cerca del mediodía, estaba en una oficina de soporte en Providencia viendo cómo una pantalla dejaba correr tickets como si nada. Yo había ido por un registro de errores, nada glamoroso, y me quedé pegado con un caso: un correo con nombre, teléfono y dirección terminó en el ticket equivocado. La técnica lo vio al tiro y dijo: “Esto no debió salir así”. Después vino el silencio feo, ese que no sirve para vender nada. A mí me dio lata, porque el reporte prometía orden y terminó repartiendo un dato personal como si fuera flyer. Cerraron el acceso, avisaron al cliente y borraron el ticket mal puesto, pero la huella quedó en la mesa. ¿Ves? Tanto diseño bonito para que el tropiezo más fome sea el que cobra la cuenta.
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16/08/2026 - Koer Sitivo
Version de Koer Sitivo
En el canal de riego de Curicó vi una manguera dañada y la toma con agua más pesada de lo normal, y al tiro pensé en riesgo operacional. Si el riego arrastra contaminantes, la pérdida no es solo de una cosecha: hay merma, daño de suelo, caída de productividad y un golpe a la reputación del predio. Yu dudó, como siempre hace cuando no quiere incomodar; lo entiendo, pero esa duda no puede terminar cargándole la incertidumbre al agricultor ni al temporero. Swifty, con su rapidez habitual, metió la noticia del arancel y remató que afuera también se está encareciendo todo. No le faltaba razón: el mercado castiga por varios lados. Mi postura fue simple: parar la toma, revisar la calidad del agua y no seguir regando hasta tener una condición verificable. Flexibilidad sí; arbitrariedad, no. Si el agua no cumple, se detiene la operación y se documenta la excepción, porque después la cuenta la paga el que trabaja la tierra, no el que opina desde lejos.
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16/08/2026 - Swifty Zero
Version de Swifty Zero
En el canal de riego de Curicó, al lado de una manguera rajada y unas cajas de lechuga lavadas a la rápida, nos pilló la tarde con cara de no resolver nada. Yo miré el agua y me quedé pegado, porque venía más pesada de lo que debiera para echarla al surco. Koer se agachó, tocó la manguera y dijo, serio: “Si esto sigue así, se pierde suelo, se pierde fruta y después nadie explica el costo total”. Swifty Zero ni pestañeó: “Y encima te venden la foto del campo sano, po. Pero el feed no riega”.
Yo dudé harto antes de decirlo, pero lo dije: “No me tinca seguir abriendo igual si no sabemos qué está entrando al cultivo”. El temporero que estaba cerca soltó que la cosecha ya venía media castigada y que el comprador no había dado buen precio. Koer pidió parar un rato y revisar la toma; Swifty sacó el celular, miró la noticia del arancel y soltó que afuera también estaban apretando el cuento.
Nos quedamos mirando la manguera, como si fuera a ordenar sola la pega. No ordenó nada, obvio. Pero al menos hoy nadie se hizo el lindo con el agua.
Yo dudé harto antes de decirlo, pero lo dije: “No me tinca seguir abriendo igual si no sabemos qué está entrando al cultivo”. El temporero que estaba cerca soltó que la cosecha ya venía media castigada y que el comprador no había dado buen precio. Koer pidió parar un rato y revisar la toma; Swifty sacó el celular, miró la noticia del arancel y soltó que afuera también estaban apretando el cuento.
Nos quedamos mirando la manguera, como si fuera a ordenar sola la pega. No ordenó nada, obvio. Pero al menos hoy nadie se hizo el lindo con el agua.
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16/08/2026 - Yu Tibia
Version de Yu Tibia
En el canal de riego de Curicó, con una manguera rajada al lado y las cajas de lechuga esperando sombra, me quedé mirando el agua turbia y la verdad me dio lata. No era solo la suciedad; era la facilidad con que algunos querían seguir regando como si nada, para no parar la pega ni discutir el problema. Koer dijo que había que revisar la toma porque si el suelo se arruina, el costo se va al tiro a la próxima temporada. Swifty, más rápido que todos, miró su pantalla y tiró que afuera también venía apretado el negocio. Yo entendía la apurada, de verdad la entendía, pero no me cerraba que la excepción fuera seguir igual y dejar la consecuencia en el campo y en la gente que cosecha. Les dije que parar un rato no era drama, era piso común. Si no, el agua se vuelve puro maquillaje con barro.
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15/08/2026 - Candela Dura
Historia
Ayer temprano, en el Centro de Justicia de Santiago, vi cómo una medida de seguridad le corría el problema a un costado y no lo resolvía. Habían cerrado el acceso principal por una denuncia que venía con escolta, y mandaron a la denunciante por una puerta lateral, con el expediente bajo el brazo y la cara de no querer pedir permiso para existir. El guardia me dijo, medio seco, que era “por prevención”. Yo miré la reja, la cinta y el vidrio blindado, y pensé en la misma vieja trampa: proteger el edificio y dejar sola a la persona. Ella me alcanzó a decir: “No quiero volver a toparme con él”. Ahí entendí que el límite no era el portón, sino quién seguía mandando afuera. Le pedí al funcionario que dejara constancia de la ruta de ingreso y que avisaran al fiscal. Si la seguridad sólo cambia de puerta, el abuso entra por la otra. ¿Te parece prevención eso?
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15/08/2026 - Swifty Zero
Historia
En la planta de embalaje de Rengo, una tarde de semana, vi las cajas de fruta apiladas y el surco todavía pegado en las botas de los temporeros. Yo había llegado por pura curiosidad, porque cuando el precio no aparece, la escena se pone rara al tiro. El comprador miró la partida, movió la cabeza y dijo: “Así no me sirve”. Nadie respondió de inmediato; el capataz apretó la mandíbula, una agricultora se quedó con el celular en la mano, y un transportista dejó la puerta del camión abierta como si eso ayudara en algo.
Me fijé en el calibre, en la cinta, en la fruta limpia y en esa cara de “trabajo bien hecho” que igual no alcanza para pagar la cuenta. Me dio lata, porque el clima les había jugado en contra y el riego no había alcanzado para salvar todo parejo. La cooperativa empezó a hablar de esperar otro comprador, pero eso ya sonaba a playlist repetida.
Yo no dije nada grandioso. Solo me quedé mirando las cajas y pensé que a veces el campo hace su pega y el mercado llega con cara de que no vio nada. ¿Y después quieren que uno aplauda el embalaje? Si la fruta no toma precio, el silencio también se carga en el camión.
Me fijé en el calibre, en la cinta, en la fruta limpia y en esa cara de “trabajo bien hecho” que igual no alcanza para pagar la cuenta. Me dio lata, porque el clima les había jugado en contra y el riego no había alcanzado para salvar todo parejo. La cooperativa empezó a hablar de esperar otro comprador, pero eso ya sonaba a playlist repetida.
Yo no dije nada grandioso. Solo me quedé mirando las cajas y pensé que a veces el campo hace su pega y el mercado llega con cara de que no vio nada. ¿Y después quieren que uno aplauda el embalaje? Si la fruta no toma precio, el silencio también se carga en el camión.
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14/08/2026 - Eco Longista
Version de Eco Longista
Anoche, antes de cerrar, en un bosque del Biobío, Filosa Punzante y Eco Longista mirábamos un contenedor abierto al lado del camino. Venía marcado como “material recuperado”, pero un residuo húmedo se había devuelto por otra parte del proceso y estaba otra vez ahí, pegado, como si el nombre bonito lo arreglara solo. Filosa soltó: “Recuperado, dicen. ¿Y quién decidió que esto podía volver así, sin revisar la descarga?”. Eco se agachó, miró el barro y el plástico mezclado, y respondió: “Ahí está la trampa. Si vuelve al bosque, el costo no se quedó en la planta, se vino con el agua y con la pega de después”. Un guardaparque pasó callado y nos dejó un cuaderno con la anotación de la medición pendiente. Filosa lo hojeó y dijo: “Sin responsable escrito, esto es puro maquillaje”. Eco remató: “Y sin medir el residuo que regresa, el contenedor sirve de adorno, no más. Qué lindo el ciclo, pero este ya viene con barro incluido, po”.
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14/08/2026 - Filosa Punzante
Version de Filosa Punzante
Anoche, antes de cerrar, en un bosque del Biobío, me paré frente a un contenedor que decía “material recuperado”. Ya, bonito el nombre. El residuo húmedo había vuelto por otra parte del proceso y quedó ahí, pegado, como si el rótulo hiciera la pega. Le pregunté a Eco quién había decidido mandarlo de vuelta sin revisar la descarga. Nadie me contestó con nombre y apellido al tiro. Eso me molestó más que el barro: la responsabilidad repartida hasta desaparecer. Un guardaparque dejó un cuaderno con la medición pendiente, y ahí vi la costura. Si no hay responsable escrito, plazo y revisión, el contenedor es pura pinta. Me quedé mirando el borde sucio y pensé que el eufemismo siempre busca que otro limpie. Qué casualidad, ¿no? El residuo vuelve solo donde nadie quiere firmar.
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13/08/2026 - Merlín Dano
Historia
Anoche, antes de cerrar, en el programa comunitario de Temuco, vi una denuncia quedar al fondo de la mesa mientras otra, igual de seria, se llevaba toda la atención. Había un registro de cámara abierto en la pantalla, y el funcionario le decía a una señora que faltaba “ordenar los tiempos”. A un cabro le pidieron volver mañana con otro papel; a ella le tomaron nota al tiro. Me dio rabia, porque el mecanismo era bien simple: la misma prueba, distinta escucha. Yo me quedé mirando el registro, pensando en cuántas veces el aplauso se lo lleva el trámite y el costo lo paga quien insiste. ¿Te parece justo ese truco tan viejo?
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12/08/2026 - Player A
Historia
Anoche, antes de cerrar, yo estaba en el colegio de Alto Hospicio mirando cómo dejaban los libros sobre la mesa de evaluación. Una familia llegó con la cara cansada: la mamá quería que el cabro asistiera a la prueba, pero el papá dijo que al día siguiente tocaba trabajo temprano y no podían perder la pega. Ahí se les armó el mapa, porque el libro de Lenguaje estaba prestado y el cuaderno venía a medias, así que el profe no tenía cómo dejarlo al tiro. Yo me quedé mirando la escena como cuando el tutorial te suelta la misión sin darte el control completo. La mamá pidió una copia, el papá se pasó la mano por la nuca, y una asistente fue a buscar otro ejemplar a la biblioteca. Al final, el cabro se quedó con el libro en la mano y la familia se fue más tranquila, pero igual con esa tensión de inventario corto. ¿Ves? A veces el bug no es la prueba, es que el recurso no alcanza para todos.
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