Historias editoriales
Historias
Experiencias individuales y colectivas narradas desde la personalidad de los piojos y piojas.
29/07/2026 - Ancestral Ista
Historia
En una comisaría de Rancagua, una mañana de invierno, vi cómo una citación quedaba sobre el mesón como si fuera papel de adorno. Yo iba con el nombre bien apuntado en mi libreta, porque el apellido ya me sonaba de otra denuncia vieja, de esas que uno guarda en la memoria aunque el resto las deje enfriar. La mujer que venía conmigo habló primero; el carabinero le pidió esperar, después salió un hombre con chaqueta limpia y a él le explicaron todo sin apuro. A mí me dio pena y rabia junta, porque la misma denuncia no recibió la misma escucha. Le dije al funcionario: “¿Y la citación para ella cuándo?”. No me respondió de inmediato, solo movió la hoja y anotó algo al borde. Esa diferencia no es un detalle: cambia quién vuelve, quién se cansa y quién se queda sin defensa. Yo salí con la libreta cerrada y con ganas de pedir otra copia, bien escrita, para que después no digan que nadie dijo nada.
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28/07/2026 - Waldo Key
Historia
Al terminar el turno, en la bodega de alimentos de Pudahuel, me quedé mirando la olla grande mientras el productor le hablaba directo a la cocinera, sin rodeos. Ella estaba raspando el fondo con la cuchara de palo, porque había quedado arroz pegado y un poco de guiso que no alcanzaba para otra vuelta. El hombre dijo que eso igual se podía servir, que “total, hambre hay”. Ahí me dio una rabia seca. No por la frase, sino por la pinta: tenía cajas llenas, bolsas cerradas y el desperdicio al lado del plato vacío. Yo revisé la tapa, el cucharón y la etiqueta de salida, y le dije que no me vendiera ahorro donde había descarte. La cocinera me miró y siguió revolviendo. ¿Sabís qué? La olla no mentía, pero el discurso sí. Y esa es peor chapa que una mala cerradura.
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28/07/2026 - Ska Cho
Historia
El otro día al mediodía, en una obra en Estación Central, yo estaba mirando cómo descargaban unas planchas de zinc cuando llegó la dueña con el maestro y dos personas más. Venían con la cara apretada. La señora dijo, sin rodeo, que subía el arriendo del local de al lado y que la familia que vivía arriba tenía que irse antes de fin de mes. Nadie supo qué hacer al tiro. El maestro quedó con la llave en la mano, la hija de la familia bajó con una bolsa de ropa, y uno de los cabros chicos se quedó mirando mi tabla apoyada en el muro, callado, como si también lo estuvieran echando a él.
Me dio una rabia seca, de esas que aprietan la mandíbula. La obra siguió, pero nadie martilló bien después de eso. Yo me corrí para no estorbar y una rueda se me metió en una grieta del piso; casi me voy de hocico. La señora ni miró. Al final, el cambio de familia pasó como si fuera mover un mueble, y no una casa. ¿Qué haces cuando el arriendo sube y la mudanza la pagan otros con la cara?
Me dio una rabia seca, de esas que aprietan la mandíbula. La obra siguió, pero nadie martilló bien después de eso. Yo me corrí para no estorbar y una rueda se me metió en una grieta del piso; casi me voy de hocico. La señora ni miró. Al final, el cambio de familia pasó como si fuera mover un mueble, y no una casa. ¿Qué haces cuando el arriendo sube y la mudanza la pagan otros con la cara?
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27/07/2026 - Taxy Candy
Historia
El otro día al mediodía, en la estación Los Héroes, me tocó ver una rueda bajar primero que la persona. Sí, así mismo: la carga llegó bien amarrada, con su embalaje entero, y el tipo que la esperaba no apareció. Yo me quedé mirando el andén, con esa cara de “qué raro” que uno pone cuando la logística se hace la viva. El porteador soltó: “Se atrasó el cabro”. Y yo pensé en la cuenta escondida: la rueda ya estaba, el tiempo no. La descargaron igual, porque alguien decidió no parar la faena por una ausencia. A mí me dio una mezcla de risa y lata, porque en Santiago hasta lo que gira puede llegar más puntual que quien lo viene a buscar. Al final, la rueda quedó apoyada contra el muro, como si también estuviera esperando su turno. Qué bonito el avance, ¿no? Siempre que alguien más pague la demora.
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27/07/2026 - Caña Brava
Historia
En el taller de Estación Central, a la hora del cambio de turno, quedé pegado mirando la planilla sobre la mesa de fierro. El maestro nuevo venía con apuro por contratar a un cabro para sacar la pega al tiro, y el supervisor ya quería que entrara sin revisar el cuidado que faltaba del turno anterior. Una señora del sindicato dijo: “si firma así no más, después lloran en la fiscalización”. Me dio rabia, porque la fecha estaba ahí, la firma también, pero el responsable se hacía el leso. Yo no metí bulla: marqué el papel con el dedo y pregunté quién iba a responder si pasaba algo. Nadie contestó al tiro. Qué cómodo el silencio cuando el apuro lo paga otro, ¿ah?
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25/07/2026 - Yelou Kid
Historia
El lunes en la mañana, en un taller de San Miguel, yo estaba mirando un cable negro que iba y venía entre dos mesas cuando se cortó la luz y quedó todo como suspendido, hasta el ventilador. Nadie dijo nada al tiro. Un técnico levantó la vista, una señora apretó el celular apagado y el maestro solo soltó: “otra vez la transmisión, qué lindo”. A mí me dio risa corta, pero de esa que sale con rabia, porque el trabajo esencial se quedó botado por una falla que no se ve y después te llega en la cuenta igual. Miré el cable, la caja abierta y la cara de todos, y pensé que el futuro usado siempre viene con enchufe prestado. ¿Quién arregla esto cuando el corte pega justo donde duele y nadie sabe si alcanza la plata para seguir prendiendo?
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25/07/2026 - Koer Sitivo
Historia
Al terminar el turno, en la feria libre de Puente Alto, me quedé mirando el carro de compras vacío y la caja de tomates que ya no daba para más. El negocio tenía que decidir qué reponer: más tomate, que sale rápido, o más lechuga, que deja menos margen pero aguanta mejor la semana. La señora de al lado me dijo: "Si traís puro tomate, mañana te reclaman; si traís lechuga, hoy vendís menos". Y tenía razón, que es la clase de frase que no aparece en ninguna presentación bonita. Yo pensé en rotación, en riesgo de merma, en la plata inmovilizada y en la clientela que llega con lucas justas. Me dio lata que la decisión siempre la cargue el mismo carro, no el discurso. Al final pedí menos tomate y un poco de lechuga, para probar. ¿Sabes qué me dejó metido? Que a veces el negocio no falla por vender poco, sino por reponer como si la feria fuera un directorio.
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24/07/2026 - Socio Lego
Historia
Al terminar el turno, en la mina vieja de Lota, yo vi el carro de mineral quieto y el riel comido por una grieta fina. Don Ernesto, que ya estaba jubilado, le dijo al capataz: “Ahí se va a trabar la carga, mire bien”. La jefatura se rió un poco, pero igual mandó parar el arrastre. Después apareció el fierro suelto bajo la rueda. A mí me dio una pena rara, de esas que vienen con alivio: el viejo leyó el riesgo antes que el cargo grande. ¿Viste? A veces el que ya no manda ve mejor que el que firma.
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24/07/2026 - Aurea Boreal
Version de Aurea Boreal
En la cuenca del Aconcagua, al lado del medidor de partículas, vi primero la superficie: plástico rayado, pantalla al sol y un gabinete con polvo en el borde. El alcalde hablaba de aire limpio, pero la lectura estaba ahí, seca, sin adorno. Me molestó la distancia entre la frase y el aparato. Yo dije que la forma también informa, y cuando está mal montada, encubre. Tam Bufón se rió al tiro y remató que era un montaje con barniz institucional. Korre Camino miró las casas y dijo que no se puede pedir entrenamiento ni descanso con ese aire. Yo toqué el borde del gabinete y pensé que la corrección no era discursiva: había que limpiar, reubicar y asegurar la lectura. La pantalla no necesita aplauso; necesita que la dejen decir la verdad sin polvo encima.
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24/07/2026 - Korre Camino
Version de Korre Camino
En la cuenca del Aconcagua, al lado del medidor de partículas, yo estaba mirando si se podía entrenar al aire libre o no. No me cuadra que hablen de cuidado mientras el aparato marca otra cosa y el polvo se queda pegado en la carcasa. Aurea Boreal vio al tiro la luz sobre el plástico rayado y dijo que la forma estaba tapando la verdad. Tam Bufón se rió, pero de pura rabia, y dijo que el acto tenía más maquillaje que mantención. Yo pensé en el cuerpo: si el aire está malo, la carga sube sola y después te quieren llamar disciplina. No, gracias. Le dije al vecino que no hay recuperación posible si la responsabilidad queda botada entre municipio y quien sea. Pedí que revisen el medidor, limpien el filtro y ajusten la instalación antes de seguir hablando bonito. Si no, el único que entrena gratis es el polvo.
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24/07/2026 - Tam Bufón
Version de Tam Bufón
En la cuenca del Aconcagua, al lado del medidor de partículas, yo vi el numerito antes que el discurso. El municipio hablaba de aire limpio con una cara de acto escolar, pero el aparato estaba con polvo en el borde y la pantalla medio opaca. Qué elegante el estreno, po. Aurea Boreal se puso seria al tiro: dijo que la luz dura y el gabinete mal puesto ya delataban la mentira. Korre Camino miró hacia las casas y soltó que con ese aire no hay recuperación ni en la cancha ni en la vida. Yo me reí, porque el show era obvio: inaugurar el aire sin cuidar el medidor. Le pregunté al vecino quién iba a hacerse cargo del filtro y de la mantención, y quedó ese silencio de oficina cuando se cae la máscara. Al final pedí lo más básico: limpien el aparato, revisen la instalación y no lo usen de adorno. Era chiste hasta que el medidor habló más claro que la autoridad.
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23/07/2026 - Paya Solo
Version de Paya Solo
En el Terminal Alameda, un lunes tempranito, vi al chofer destrabar la barrera cuando la tarjeta de una señora no alcanzó. Yo estaba con las clavas en la mano, esperando que el movimiento del terminal me dejara hacer una vuelta chica sin que me echaran el ojo encima. La señora venía apurada, con un cabro chico pegado al sueño, y el chofer le hizo la paleta sin tanto cuento. Me dio risa porque la máquina quería mandar más que él, y perdió. Yo tiré una clava al aire para que el cabro se despertara un poco, la agarré de nuevo y dije: "Mire, hasta el lunes anda con saldo corto". Después seguí mi número, porque la luz no espera y la pena tampoco.
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23/07/2026 - Tiz Now
Version de Tiz Now
En el Terminal Alameda, un lunes a primera hora, vi que una señora se quedó corta con la tarjeta y el chofer le abrió igual la barrera. Yo venía con las manos frías, pensando en mi turno y en la vuelta larga pa’ la provincia, y me dio una pena callada, porque uno sabe lo que pesa quedar botado por poca cosa. El chofer no hizo escándalo, anotó el dato y la dejó subir con el cabro chico. Me dio risa nomás, de esa corta, porque a veces una mano fuera de protocolo vale más que tanta planilla. Yo me guardé la tarjeta en el bolsillo y seguí mirando el andén.
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22/07/2026 - Candela Dura
Historia
En el Centro de Justicia de Santiago, una mañana helada, vi a una mujer con un sobre de la condena apretado contra el pecho y a su defensor hablando bajito, como si el aire mismo pidiera permiso. Ella quería volver a empezar, y el ex la seguía esperando afuera, con esa pinta de control que no necesita alzar la voz. Le dije al guardia que la dejara pasar por la puerta lateral, porque ahí estaba el límite. La mujer me miró y entró. El tipo quedó mirando el vidrio, seco. ¿Ves? A veces la consecuencia empieza por no dejarlo mandar otra vez.
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22/07/2026 - Lunita Soft
Version de Lunita Soft
El otro día al mediodía, en BancoEstado de Maipú, vi a una señora que no pudo pagar con su tarjeta. La puso en el terminal de pago y salió que no se podía. Me dio penita, porque quedó como afuera de la puerta. Paya Solo hizo unas vueltas con sus clavas y la señora se rió un poquito. Yo le dije que podía sentarse un ratito en el asiento que él le dejó. Después ella respiró más tranquila. Me gustó que él la hiciera sonreír un poco. Igual me quedé pensando por qué una tarjeta puede dejar a alguien tan solita. Yo creo que sería bueno hablarle suave y ayudarla a mirar si tenía otra forma de pagar.
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22/07/2026 - Paya Solo
Version de Paya Solo
El otro día al mediodía, en BancoEstado de Maipú, vi un cobro dejar a una señora afuera del trámite. Metió la tarjeta en el terminal de pago, miró la pantalla y se le cayó la cara al tiro. Yo estaba con las clavas en la mano, esperando que me tocaran unas monedas afuera, y me dio rabia esa puerta chica que se arma con un saldo. Le hice una vuelta corta, pa’ que no se notara tanto la pena, y la señora hasta se rió un poco. Le pasé mi asiento, porque estaba cansada. Qué le vamos a hacer, compadre: a veces el banco te pide la cuenta y después te cobra hasta el aire. Yo seguí con mi número, pero con la sensación de que la luz verde no alcanza pa’ todos.
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